La CURIOSIDAD es la chispa que convierte los fallos en aciertos. Sin ella, no hay aprendizaje, ni innovación, ni futuro. Por Sergio Martínez Valtueña, cofundador de Zebra #CompetenciasCampus
- Publicación: 26 de noviembre del 2025
- Colabora: Sergio Martínez Valtueña
- Colabora: Zebra
Ingeniero de formación y con un Executive MBA, está especializado en estrategia y operaciones. Desde 2018 está vinculado al mundo startup, donde ha emprendido en cuatro proyectos, el más reciente Zebra Ventures, su gran apuesta y con la que ha conseguido lanzar siete startups al mercado y desarrollar productos digitales y eventos desde cero, como el Zaragoza Startup Fest. Sergio es defensor convencido del concepto de ecosistema emprendedor, trabaja para fortalecer el de Zaragoza y Aragón, conectándolo con el panorama nacional y se ha posicionado como uno de referentes del emprendimiento aragonés.
Sergio, ¿qué papel ha jugado la curiosidad en tu trayectoria personal y profesional, desde los inicios en el mundo startup hasta la creación de Zebra Ventures?
Soy inquieto por naturaleza. Desde muy joven he buscado formarme, viajar y explorar, y esa pulsión por ir “un paso más allá” ha sido el hilo conductor de toda mi trayectoria. Me gusta cuestionar lo establecido —poner las cosas “patas arriba”— porque ahí nace la innovación. En el entorno startup, donde te la juegas a diario, esa actitud es esencial: las startups son polinizadoras de innovación y viven en la vanguardia. En Zebra Ventures trabajamos precisamente ahí, en la parte más disruptiva de la tecnología, con despliegues y soluciones que cambian cada día. La curiosidad es la clave que nos permite mantenernos en la “última” y entender hacia dónde evoluciona todo.
Has vivido proyectos que no salieron adelante antes de Zebra. ¿Cómo te ha ayudado la curiosidad a interpretar esos momentos como aprendizajes y a seguir avanzando?
Empecé a emprender en 2018, compaginándolo con mi trabajo. Invertí tardes, ahorros y mucha energía. Al principio pensé que ese esfuerzo quizá no retornaría, pero con el tiempo entendí que me ahorró errores… y otros me explotaron en la cara. Mi primera aventura en 2018 no funcionó; la de 2019, tampoco; la de 2020, tampoco. En 2021 arrancamos de cero y, de siete proyectos lanzados, tres cerraron, dos siguen en stand-by y el resto está en camino. La estadística es tozuda: entre las fotos de los reconocimientos hay muchos pequeños fracasos. Por eso en el equipo tenemos claro que hay que equivocarse pronto y en pequeño. Sin miedo, pero con control. Cada “cicatriz” te da criterio y consolida el camino.
Sueles hablar de la importancia del ecosistema. ¿De qué manera la curiosidad es clave para generar conexiones entre empresas, emprendedores e instituciones en Zaragoza y en Aragón?
El ecosistema aragonés se parece a una sabana: conviven especies distintas que deben relacionarse. En nuestro caso, hablamos de “Cebra” para la parte tecnológica y de “Elefan” para la inversión. La curiosidad aporta perspectiva; sin ella no puedes innovar ni atraer conocimiento externo. Hemos conectado Zaragoza con otras plazas —Sevilla, Málaga, Vigo, Alicante, Mallorca, etc.— porque decidimos mirar más allá y entablar conversaciones que parecían aleatorias y terminaron siendo decisivas. Ese afán por conocer y aprender ha traído a la ciudad a grandes inversores y emprendedores. Hace cinco años era impensable. Las conexiones humanas, nacidas de la curiosidad, abren puertas que de otro modo permanecerían cerradas.
En Zebra Ventures ayudáis a las empresas a innovar con soluciones tangibles. ¿Cómo puede la curiosidad dentro de un equipo convertirse en una palanca real para mejorar procesos y resultados?
Sin voluntad de ir un paso más allá no hay avance. En Zebra nos ponemos al lado de las empresas para “contagiar” ese espíritu: a veces mediante innovación abierta conectándolas con startups; otras, actuando como radar para detectar oportunidades; y, cuando tiene sentido, desarrollando nosotros mismos soluciones con el equipo tecnológico. Como en el deporte, rodearte de los mejores acelera tu mejora: si convives con grandes startups, inversores y corporaciones, incorporas sus prácticas y luego las trasladas a tu día a día. La curiosidad es el motor que te impulsa a probar, iterar y elevar el listón.

Desde tu experiencia, ¿qué debe hacer un líder empresarial para despertar y mantener viva la curiosidad en su equipo de trabajo?
Lo primero es predicar con el ejemplo, porque la innovación no ocurre si la dirección no la quiere y si el equipo no está dispuesto. En mi opinión, un líder debe trabajar en tres planos complementarios: el de las personas, con una cultura clara, roles definidos y objetivos concretos que eviten caer en el statu quo; el de los procesos, revisando cómo se hacen las cosas y simplificando para ganar agilidad; y el de la tecnología, dotando a los equipos de herramientas adecuadas que permitan trabajar mejor. El cambio no es un fin en sí mismo, sino la consecuencia de implementar pequeñas acciones de forma constante que, sumadas, transforman la manera de trabajar.
La curiosidad también puede estar ligada al bienestar laboral. ¿Crees que un entorno que fomente la curiosidad contribuye directamente a la motivación y productividad de los equipos?
Sin duda. En Zebra dedicamos tiempo —obligatorio— a la formación continua, tanto individual como cruzada dentro del equipo. Compartir conocimiento y trabajar con “roce” genera cultura: las bromas, el “échame una mano”, la colaboración diaria. Cuando creas esa inercia interna, los cambios escalan. Damos libertad responsable para probar y equivocarnos dentro de un marco. Así llegamos antes a soluciones y adoptamos herramientas nuevas con naturalidad. Es un equilibrio: permitir margen para explorar sin perder el orden.
Zebra Ventures trabaja con IA para aumentar la eficiencia en las empresas. ¿Qué importancia tiene la curiosidad a la hora de explorar nuevas tecnologías y aplicarlas de forma práctica?
Vengo de ingeniería de procesos y fabricación: sé que mejorar es cuestión de detalles. La curiosidad te obliga a “medir dos veces y cortar una”: entender a fondo cómo trabajas antes de cambiar. Nuestro enfoque comienza con una radiografía interna —mapear puestos y acciones—, modelar cómo se relacionan y, a partir de ahí, decidir qué tecnología aplicar. A veces basta con reordenar el trabajo; otras, con introducir IA o automatizaciones. Las empresas crecen y aumenta la entropía: hay que parar, ordenar y buscar soluciones ingeniosas para “meter más en el mismo espacio” sin perder eficiencia. La curiosidad te ayuda a ver esas pequeñas palancas que, sumadas, marcan la diferencia.
Habéis impulsado encuentros como ZGZ Startup Fest o Spain Innovation Summit. ¿Cómo se alimenta la curiosidad colectiva en este tipo de foros y qué impacto tienen en el tejido empresarial?
Miramos el caso de Valencia: antes de grandes tractores hubo siembra, comunicación y mucho trabajo de base. Aquí empezamos predicando en el desierto, con talleres de 10–30 personas, trayendo talento de fuera y ejemplos reales. Activamos tres ejes que para mí son imprescindibles: talento, empresa e inversión. Los eventos sirven de altavoz, generan masa crítica y atraen a gente de Madrid o Barcelona. Un par de días al año concentras encuentros que de otro modo no sucederían. No hemos inventado nada: es un modelo probado (estilo MIT) que, con más apoyo y capital, elevará el nivel del ecosistema.
¿Qué consejos darías a una empresa tradicional que quiera incorporar la curiosidad como parte de su cultura para impulsar la transformación?
Reforzaría los tres pilares anteriores y, además, impulsaría un liderazgo distribuido: menos “delegación de tareas” y más propiedad de áreas. Liderar es llevar un ámbito de 0 a 1 —el salto más difícil— y eso exige objetivos individuales claros y conocidos de antemano. La medición no es un juicio: es un horizonte. También fomentaría una comunicación fluida, bidireccional y matricial (modelo Spotify/Netflix), donde el conocimiento circule y el feedback sea constante. Cuando el contenido fluye, la curiosidad encuentra cauces para convertirse en mejoras concretas.
Si miras hacia adelante, ¿qué papel crees que jugará la curiosidad en el futuro de las organizaciones y en la forma en que entendemos la innovación empresarial?
La tecnología acelera en curva parabólica. Aparecen competidores, canales y modelos de negocio a gran velocidad. Las barreras competitivas son difusas y exigen agilidad. Hoy una persona, con herramientas no-code, puede hacer el trabajo que antes requería un departamento. Ante esa transformación, quien no sea curioso tendrá más difícil adaptarse y anticipar tendencias. La innovación permanente deja de ser opcional: quien no aborde una verdadera transformación digital lo pasará mal. Es un tiempo de cambio continuo, y la curiosidad es el mejor seguro de adaptación.
Campus Fundación Ibercaja impulsa programas de formación orientados al crecimiento personal y profesional. Desde tu experiencia, ¿cómo puede la curiosidad convertirse en una herramienta práctica dentro de la formación continua de directivos y equipos?
Estoy cursando formación en gobierno corporativo porque era un área que no dominaba: primero sientas bases y luego aplicas. Creo que necesitamos un cambio de modelo formativo: de lo unidireccional a lo bidireccional y práctico, con resolución de casos, espacios para proponer hipótesis “raras” y para equivocarse. Me encaja el enfoque flipped classroom y los casos forenses: analizar por qué algo salió mal y explicarlo al grupo. Cuando enseñas, refuerzas tu propio aprendizaje y activas la curiosidad colectiva. Mi invitación para Fundación Ibercaja es ser valiente: diseñar experiencias interactivas, con retos reales y evaluación orientada a la mejora, para que directivos y equipos transformen la curiosidad en resultados.

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