La HONESTIDAD permite transformar un conflicto en confianza. Por David Romeral, gerente CAAR (Clúster de Automoción y Movilidad de Aragón). #CompetenciasCampus
- Publicación: 11 de marzo del 2026
- Colabora: David Romeral
- Colabora: Cluster de Automoción de Aragón, CAAR
David Romeral ha trabajado en multinacionales y empresas familiares siempre vinculado al sector automovilístico. Fue responsable de la puesta en marcha del CAAR y lidera hoy su desarrollo y consolidación. El clúster aglutina a más de 300 empresas y 34.000 profesionales, que generan cerca del 30% del PIB aragonés y conforman una de las mayores concentraciones industriales y de conocimiento del sur de Europa. Entre sus objetivos destacan la cooperación empresarial, la innovación, la incorporación de nuevas tecnologías y la mejora de la competitividad de las empresas aragonesas de automoción y movilidad.
David, ¿qué papel juega la honestidad en tu estilo de liderazgo al frente del Clúster de Automoción y Movilidad de Aragón?
Desde los inicios, en 2008, creo que la honestidad ha sido uno de los principales valores que hemos ofrecido desde el clúster. Por un lado, en la forma de tratar al equipo, fomentando una cultura basada en la honestidad en el trato y en contar siempre la realidad de los proyectos y de las situaciones. Y, por otro lado, en la relación con los socios: nacimos con pocos miembros, con un concepto de organización empresarial nuevo, y para generar confianza era imprescindible que percibieran que lo que les contábamos era cierto, que no vendíamos humo. Tanto en la gestión del equipo como en el trabajo con los socios la honestidad ha sido clave.

El CAAR aglutina a cientos de compañías. ¿Cómo se traduce la honestidad en la manera de generar confianza y cooperación entre empresas con intereses a veces diferentes?
En el clúster conviven empresas que compiten entre sí. Hay que marcar ciertas líneas rojas, porque no pueden compartir información de clientes o mercado. Pero sí hemos conseguido que crean en que, a través de la colaboración, alcanzarán objetivos que individualmente no serían tan fáciles de lograr. Para eso lo primero es compartir problemas y ver cómo el clúster puede ayudar a resolverlos. Un ejemplo reciente es la atracción de talento. Podríamos afrontarlo cada empresa por su cuenta, pero optamos por un proyecto conjunto, como fue este año el proyecto Movit, con Fundación Ibercaja, para acercar jóvenes a nuestro sector. La base es la honestidad: reconocer que no consigo atraer a los jóvenes y plantear qué podemos hacer juntos.
En un sector tan competitivo como el de la automoción, ¿cómo ayuda la honestidad a la hora de marcar estrategias comunes y tomar decisiones que afectan a todo el ecosistema?
El cometido principal del clúster es resolver los problemas de nuestros socios. Pueden estar relacionados con negocio, innovación o talento, pero siempre parten de lo mismo: un socio llama al equipo y nos pide ayuda. En esa relación bidireccional la honestidad es clave. Por parte de las empresas, para contarnos qué les sucede. Y por nuestra parte, para reconocer que no tenemos todas las respuestas. A veces hay que decir “no lo sé” o “no podemos”, en lugar de prometer lo que no está en nuestra mano. Eso genera confianza a largo plazo y marca cómo actuamos con el equipo: si podemos ayudar, lo hacemos, incluso aunque quede fuera de los proyectos habituales; si no, lo decimos con claridad.
La I+D+i es uno de los ejes del clúster. ¿Por qué es importante que la honestidad esté presente en los proyectos de innovación compartidos entre empresas, centros tecnológicos y administraciones?
En un proyecto de I+D se parte de una idea: desarrollar un producto nuevo o mejorar un proceso. Se forma un equipo con empresas grandes, pymes y centros tecnológicos que trabajan durante uno o dos años. Y puede ocurrir que lo pensado al inicio no se consiga. Ahí la honestidad es esencial: reconocer que algo no se puede hacer. Además, en proyectos largos hay distintos hitos, y si ya en el primer año se ve que los objetivos son imposibles, lo responsable es parar, modificar o buscar otra vía, en lugar de seguir invirtiendo sin sentido. La innovación es probar, y a veces implica equivocarse y empezar de nuevo. Esa sinceridad dentro del equipo de innovación es clave para no alargar proyectos solo por facturar, y para que realmente tengan valor.

Más de 34.000 profesionales forman parte de este ecosistema. ¿De qué manera la honestidad es clave en la gestión del talento, tanto en la atracción de nuevos perfiles como en la fidelización de los equipos?
En la atracción y fidelización de talento cada empresa puede tener su hoja de ruta, pero en el sector destacaría la honestidad en las relaciones entre empresas y organizaciones sindicales. Cuando la antigua General Motors entró en bancarrota en 2008-2009, la realidad se trasladó con claridad: se exigieron esfuerzos, la administración puso un aval, y todo se basó en trasladar la situación real. Creo que eso ha calado en la cultura del sector. Las relaciones laborales se basan en compartir la realidad de las empresas y, a partir de ahí, es como el sector puede tener futuro.
El CAAR mantiene relación constante con instituciones y administraciones. ¿Cómo garantiza la honestidad un marco de diálogo fluido y constructivo con el sector público?
La administración recibe inputs de muchos sectores y tiene recursos limitados. No ganamos nada haciendo los problemas más grandes o dando cifras que no representen la realidad. Con cada cambio político volvemos a explicar qué representa el sector, qué hemos hecho y qué nos gustaría hacer. Pero no se trata de escribir una carta a los Reyes Magos, sino de ser honestos y concretar: esta es la situación y aquí necesitamos apoyo. Ahora, por ejemplo, con las inversiones en nuevos modelos y en maquinaria. Vamos poco a poco, priorizando. Esa honestidad constante es la única manera de generar confianza con la administración, para que vean que lo que decimos se cumple.
Electrificación, digitalización y nuevos modelos de transporte. ¿Qué papel juega la honestidad para abordar estos cambios de forma realista?
Aquí diferenciaría el sector de la automoción a nivel europeo de lo que hemos hecho en el clúster en Aragón. Nosotros no nos hemos opuesto a la transición hacia la electromovilidad, pero sí hemos intentado trasladar los problemas que esa transición iba a tener: que se necesitarían menos trabajadores para fabricar vehículos, que el consumidor debía tener una tecnología con un precio similar y que fuese fácil de cargar. Esa era la realidad, pero Europa marcó una línea y el sector la aceptó sin ser honesto.
Ahora se empiezan a oír voces de marcas y asociaciones diciendo que no llegan al objetivo de 2035 de no vender motores de combustión, y estamos viendo los miles de despidos en la automoción europea. Quizás si hace cinco años hubiéramos sido honestos y hubiéramos dicho a la Unión Europea: “no optes por una sola tecnología, sé neutral, marca objetivos de descarbonización, pero deja que las tecnologías se desarrollen y que sea el consumidor el que decida”, ahora tendríamos una transición menos drástica.
En Aragón teníamos el potencial proyecto de la gigafactoría, que evidentemente nos da estabilidad a largo plazo. Pero no podemos obligar a un consumidor a gastarse 30.000 o 40.000 euros en un coche cuando antes costaba 15.000-20.000, ni a tener una plaza de garaje para cargarlo si no hay suficientes infraestructuras en las calles. Ahora se ve que los híbridos enchufables ofrecen ventajas de ambas partes y que el hidrógeno puede ser otra alternativa. El objetivo de reducir emisiones es claro, pero había muchas formas de hacerlo. La Unión Europea tomó una decisión única que se veía que no era la óptima y, seguramente, ese hito de 2035 se acabará retrasando a 2040 o 2045.

Campus Fundación Ibercaja impulsa programas para el crecimiento de personas y empresas. Desde tu experiencia, ¿cómo puede la honestidad ser un eje en la formación de directivos y equipos?
En la formación de los directivos del futuro la diferencia no estará en el acceso a las tecnologías, que ya lo tendrán, sino en los valores que inculquemos. Es importante que espacios como Campus Fundación Ibercaja pongan el foco en habilidades y valores humanos. La honestidad es clave para gestionar equipos, para tratar con superiores y para navegar en la incertidumbre. No es la única, entra dentro de un conjunto de valores: compromiso, pasión, esfuerzo… Pero si nos centramos solo en lo técnico y olvidamos los valores, habremos fracasado como sociedad.
Si tuvieras que resumir en una idea el valor de la honestidad para el futuro del clúster y de la industria de la movilidad en Aragón, ¿cuál sería?
La honestidad en el trato con socios, equipos e instituciones nos ha traído hasta aquí en estos 17 años y será también la clave en el futuro. Ahora tenemos un horizonte esperanzador, con muchos proyectos en marcha, y también llegarán momentos difíciles. Habrá que afrontarlos desde el conocimiento de la realidad, sea positiva o negativa. La honestidad es un valor fundamental para el éxito, no solo empresarial, sino también personal, que es lo realmente importante.
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